—¡No! —exclamó Mariana, con más fuerza de la que esperaba—. No me ofrecieron nada. Nadie me obligó a hablar. Lo hago porque no puedo seguir cargando con esto. Porque lo que le hicieron a la Freya fue monstruoso. Porque el señor Axe Trembleyl no merece estar aquí.
El fiscal se detuvo frente a ella, con las manos cruzadas detrás de la espalda.
—¿Tiene pruebas físicas del soborno? ¿El dinero? ¿Mensajes? ¿Videos?
—No… no tengo el dinero. Pero sí vi los mensajes en su celular. Ella borró muchos, per