La noche en el hospital era una mezcla de luces frías y murmullos. Una joven enfermera, con una sonrisa forzada, entró en la habitación de Freya.
—Buenas noches. Le traigo sus medicamentos —anunció, acercándose a la cama.
—Ya me los trajeron hace media hora —replicó Freya, algo desconfiada.
—Estos son otros que le acaban de formular —aclaró la enfermera, empujando suavemente los medicamentos hacia la boca de Freya y pasándole un vaso de agua.
Freya aceptó la medicina con resignación. Haber pasa