Capítulo 75. Los vestidos manchados
Alessia
El vestido duerme en su funda como si conservara un sueño. Lo saco con cuidado, como un tesoro frágil: lo acerco al cuerpo y la seda respira sobre mis dedos, fría y secreta.
Treinta agujas dobladas salen del cojín, dispuestas como un pequeño pelotón. Teresa enciende una lámpara antigua, la que siempre hace que las puntadas brillen como estrellas; el atelier huele a hilo y té.
—Cinco días —dice Teresa con la voz de quien ha cosido confesiones. La miro en el espejo grande donde la espalda