Capítulo 20. Movimiento en falso
Amanezco en la habitación de huéspedes de la casa de Dante con la garganta reseca y la cabeza clara. No es claridad feliz; es esa que llega después de un incendio.
Me visto con un traje gris que grita control, aunque por dentro lleve el corazón a latigazos. Cuando abro la puerta, el pasillo huele a café recién hecho y a madera. Camino hacia la salida sin buscarlo. No quiero verlo, no quiero agradecerle, no quiero deberle nada más de lo que ya debo.
En la escalera aparece, arremangado, el vendaj