Capítulo 21. El espejo roto
El motor de la camioneta sigue encendido afuera, como un corazón que late con paciencia fingida. Dante me espera en el asiento del conductor, Enzo y Raffaele fingen relajarse, pero sé que cada uno tiene la mano cerca del arma. Les digo que solo subiré por algo de ropa. Ellos asienten, pero sus ojos siguen mi silueta hasta que cruzo el portón.
La casa de mi infancia me recibe con un silencio espeso, roto apenas por el crujido de la madera bajo mis tacones. La alfombra aún guarda el aroma a polvo