Capítulo 103. Villa Aurelia respira
lessia
El frío no entra por la ventana. Entra por las paredes, por la madera que ha olvidado el sol y por el aire que huele a encierro viejo. No sé cuánto tiempo ha pasado desde que me cubrieron la cabeza y me obligaron a subir a aquella furgoneta. Solo recuerdo el sonido de la grava, el chirrido de una verja oxidada y el destello fugaz de un nombre grabado en hierro antes de perder la conciencia: Villa Aurelia.
El cartel estaba torcido, comido por el óxido, como si nadie lo hubiera pronunciado