Celeste.
Aunque entendiera la situación, el peso de la petición de Samanta me golpeó como un puño directo al pecho.
—¿Morir? ¿Renunciar a tu vida solo porque sí?
No podía comprenderlo, era difícil aceptar que alguien pudiera hablar de su propia existencia con tan poca importancia. Sabía que el plan era matar a Samanta, pero aun así, dolía que ella quisiera morir por su cuenta.
La miré con incredulidad, mi respiración estaba pesada y coloqué una mano en mi cintura.
—¿Por qué quieres morir? —