Kael.
Desperté con un dolor de cabeza tan brutal que, por un instante, sentí que el mundo entero se tambaleaba. Me froté la sien con fuerza, intentando recuperar la claridad, pero en cuanto mis ojos se enfocaron, el horror me golpeó con violencia.
Había sangre por todos lados, incluso en mis manos. Vi mis palmas rojas, y supe que la había cagado a lo grande.
—Oh… Carajo…
Mi cuerpo se tensó de inmediato. El hedor metálico impregnaba el aire, y el suelo estaba empapado con restos irreconocibl