Luther.
Elise gritó.
El sonido rasgó el aire como un cuchillo afilado y desesperado por cortar algo, como si su cuerpo estuviera a punto de partirse en dos. Me quedé inmóvil por un segundo al llegar a la habitación, viendo su rostro deformado por el dolor. Tenía la piel perlada de sudor y sus manos agarrando las sábanas con tanta fuerza que pensé que las rompería.
Elise se levantó como pudo al verme, suplicando auxilio con la mirada. Creí que estaba perdiendo al bebé, que había hecho desarreg