Luther.
Habían pasado dos días desde que supimos que Celeste estaba viva. Yo no tuve tiempo de nada por andar pensando en ella.
Ese vestido la hacía ver como una reina y eso era lo que más me molestaba. No entendía por qué mi corazón se oprimía al pensar que Celeste se había convertido en la luna de otro hombre.
—¿Por qué piensas en ella otra vez, Luther? —se burló Malzahar—. Te recuerdo que tú la traicionaste. La perdiste por tus propias acciones.
Le di varias palmadas a mi cabeza, no podí