Kael.
Corrí en dirección al rey vampiro, quien se alejaba de su trono bañado en oro en medio del pueblo. El hombre volteó y al verme, soltó un jadeo sorpresivo.
—¡Detente! —grité, estirando mi mano para alcanzarlo.
Me convertí en un lycan, esa forma lobuna completa que mezclaba mis partes humanas con las de una bestia sangrienta. Era nuestra forma más poderosa, y no todos lo lograban.
Gruñí ferozmente y salté sobre el vampiro, le volví pedazos la capa roja y larga que colgaba detrás de su c