Celeste.
Tocaron la puerta de mi habitación de forma desesperada. Yo estaba terminando de vestirme luego de un cálido baño de agua tibia.
—¡Voy!
¿Quién sería? Si los únicos que me visitaban eran Kael y Samanta, y ninguno de los dos tocaba la puerta.
Al abrir, Damián entró como si fuera su casa, que sí lo era, y caminó a pasos rápidos en el interior de la habitación, de un lado a otro. Se mordió una uña y me vio con preocupación.
—¿Qué mosca te picó? —Fruncí el ceño.
—¡T-tenemos que hablar