Narrador.
La noche tejía su manto sobre la cabaña, y el silencio de la hora permitía que incluso los pensamientos hicieran eco.
Luke estaba solo en su habitación, sentado en el suelo con las piernas cruzadas, el papel doblado frente a él como si contuviera una clave mágica.
El sirviente se lo había dado discretamente, diciendo “una amiga te lo manda”, y Luke lo había guardado con una mezcla de nervios y emoción que aún no se le bajaba del pecho.
Él sabía quién era esa amiga especial. La única