Celeste.
Mi respiración era un caos.
No por el esfuerzo, ni por el dolor físico. Era la libertad golpeándome el pecho desde adentro, como si mis pulmones nunca hubieran conocido el aire limpio hasta ahora.
—Uff… —resoplé.
Ver los cuerpos sin vida y destrozados en el suelo, me hizo sentir aliviada, porque ellos terminaron igual que mis padres. Era lo que había planeado desde el día uno.
Caminé. Paso a paso, dejando atrás el lago teñido de estrellas, las hojas revueltas por la batalla, y los c