Celeste.
Me miré en el espejo una vez más. No por vanidad, sino por necesidad. Es que no estaba segura de salir así. Mi reflejo me devolvía la imagen de una mujer diferente. Una que ya no llevaba el rostro cansado de las pérdidas, sino el resplandor suave de alguien que, por fin, había encontrado su lugar.
Ah, y se me empezaba a notar mucho la panza. Por la diosa… ¿En qué momento creció tanto?
Habían pasado unos días desde que cumplí con mi “venganza”.
El vestido se ajustaba con elegancia s