Celeste.
Corrí las cortinas porque el sol inundaba la habitación y el calor del verano era abrumador. El aire acondicionado estaba luchando para mantener el frío, y Kael se encontraba acostado en la cama.
Fui hacia él, con lentitud.
Me senté a su lado y lo agarré como si fuera un bebé para acariciar su cabello con ternura.
Estaba feliz.
—¿Qué crees que serán? —preguntó, sacándome de mis pensamientos.
—¿Cómo?
No entendí su pregunta.
Parpadeé.
Se incorporó en la cama para sentarse y mira