Kael.
La luz del día se filtraba por las ventanas altas de mi oficina, tiñendo los muros de madera con un tono brillante que no lograba calmar mi mente. Me encontraba sentado detrás del escritorio, los codos apoyados y los dedos entrelazados frente al rostro.
A mi lado, Nolan hojeaba unos documentos mientras hablaba con ese tono sereno que contrastaba con lo que estaba proponiendo.
—Podríamos enviarles una carta —dijo—. Convocarlos por asuntos de negocios. Algo formal, algo que no les suene co