—¡Maldita sea, Anthony!
Mint arrojó el vaso de vidrio en el que Anthony le había servido whisky momentos atrás, y este se estrelló contra el suelo.
—¡La policía está metida en tus putos hoteles! ¿Me puedes decir por qué? ¡¿Es que te descubrieron?! —se quejó, caminando de un lado a otro.
—¡No tengo idea! ¿Sí? Tampoco me han dejado ver a mi padre, no sé si me consideran un sospechoso ahora porque la policía no me da ninguna explicación —comentó el castaño, levantándose de su silla.
—Hay un hot