—¿Qué demonios estás diciendo? —Isadora se soltó de su agarre con brusquedad, no podía sentirse más ofendida ante esa pedida de mano.
¿Se había vuelto loco? ¿Por qué querría casarse con ella?
—¡Te lo ruego, Isadora! Necesito que te cases conmigo o moriré…
—Oh, vamos, ¿estás jugando conmigo?
—¡Lo digo en serio!
—¡Jamás podría casarme contigo, Anthony! Ni aunque fueras el último hombre en la tierra —le recalcó, molesta—. Tal vez tú quieras borrar todo lo que me hiciste pasar, pero yo no olvi