Anthony estaba frente a la mansión Moreau, sosteniendo un ramo de flores y una caja de chocolates entre las manos.
La grandeza del lugar que alguna vez pudo haber sido suyo lo abrumó. Su mirada nostálgica y llena de culpa se perdió en los recuerdos del pasado.
Si no hubiera humillado a Isadora, si tan solo hubiera permanecido a su lado un poco más, aunque no la amara, quizá ahora estaría entrando por esas puertas como dueño y no como un intruso arrepentido.
—Maldición, ¿qué estoy haciendo…?