Gustavo persiguió a Karina por los pasillos de la empresa, mientras sus pasos resonaban, hasta que la alcanzó frente a una ventana amplia.
Karina estaba de pie, abrazándose a sí misma como si buscara protección en sus propios brazos.
—¿Por qué hablé en voz alta? —se cuestionó.
La preocupación se reflejaba en su rostro. Gustavo se detuvo a unos pasos.
—Karina —la llamó.
Karina se volteó rápidamente, con los ojos muy abiertos y los nervios a flor de piel. Cuando notó que Gustavo la había seg