—¡Amo esta heladería! Venir una vez a la semana para descansar es todo un sueño hecho realidad! —Karina se llevó una cuchara de helado de vainilla a la boca.
Estaba muy contenta, porque desde que se mudó con Isadora y comenzó a ayudarla como su asistente, podía permitirse los helados más caros de su heladería favorita.
—Comer demasiado dulce podría hacerle mal a tus dientes, ¿sabías? —le dijo Gustavo.
—¡No seas aguafiestas, Gustavo! —se quejó.
—¿Y ustedes están saliendo? —cuestionó Mateo,