Isadora visitó a su padre. Extendió sus manos para entregarle un abrigo de lana que ella misma había cosido.
—Espero que te guste y que te abrigue lo suficiente —le dijo, bajando la mirada con timidez.
Julián le sonrió con una ternura que iluminó su rostro demacrado. Para él, ese abrigo era una muestra de cariño de su hija. Amaba profundamente todo lo que Isadora le regalaba, sin importarle lo pequeño, sencillo o barato que pudiera parecer.
Sin embargo, la calidez del momento se rompió cuan