49. ¿Aceptas a Abigail como tu esposa?
El viento de la tarde acariciaba suavemente los rostros de los presentes, pero para Damián, no era suficiente para calmar la tensión que se había ido acumulando en su pecho desde que aceptó el destino que la vida le había impuesto. La verdad que le había sido revelada la noche anterior seguía pesando sobre él, como una sombra imposible de ignorar.
El sonido de los cantos ceremoniales resonaba en sus oídos. La luz dorada del sol caía suavemente sobre el altar, tornándose anaranjada al acercarse