35. ¿Qué pasa, mami?
A la mañana siguiente, la luz tenue que se filtraba por las cortinas despertó poco a poco a Isolde. Apenas había logrado dormir unas pocas horas; su mente no dejaba de repasar los sucesos de la noche anterior y cómo sus planes se habían salido de control.
Sin embargo, toda esa angustia se disipó por un instante cuando sus ojos se posaron en su hijo, aún acurrucado a su lado, dormido y ajeno al mundo.
Esperó pacientemente a que comenzara a moverse. El niño se desperezó con lentitud, frotándose