30. Deja de ser infantil.
La puerta se cerró de un golpe seco tras ella. Evelyn avanzaba rápidamente hacía su cómplice, sintiendo la rabia arderle en la garganta como fuego líquido que parecía quemarle. Sus mejillas estaban encendidas, su respiración agitada y sus manos temblaban causa de la furia que la recorría.
—¡Esto es una maldita burla! —soltó incapaz de disimular su enfado— ¡No puede hacerme esto! ¡A mí no!
Él estaba sentado cómodamente en una butaca de cuero, apenas levantó la mirada de su copa de whisky. La g