29. No suelo hacer bromas.

El silencio que siguió a la declaración de Damián fue incómodo, casi sofocante. Los ancianos intercambiaron miradas desconcertadas, sin atreverse a hablar. Evelyn, que hasta ese instante se sentía segura de su victoria, quedó completamente inmóvil, su rostro perdiendo todo rastro de color. Sus ojos se clavaron en Isolde como dagas afiladas, rebosantes de incredulidad y rabia contenida.

Cinco años.

Cinco malditos años esperando una propuesta del Alfa.

Cinco años de paciencia, de fidelidad, de as
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