31. ¡Mamá!
—Bien. —Damian se cruzó de brazos, observándola con una intensidad que le hizo contener la respiración—. Ahora dime la verdad, Abigail… ¿Quién eres realmente?
El silencio que siguió fue denso, casi asfixiante. Isolde no apartó la mirada de él, aunque por dentro su mente ya estaba trabajando a toda velocidad. Sabía que tarde o temprano esta conversación iba a llegar. La pregunta no la sorprendía, pero la forma en que Damian la había soltado sí. No sonaba como un simple interrogatorio, sino como