Ha pasado un día desde el regreso de William. Su presencia es como una brisa que recorre la casa: invisible pero innegablemente perceptible, un susurro constante que despierta cada rincón.
No hemos cruzado palabra desde que volvió. Shyla tampoco le ha dirigido la mirada ni un saludo; él, en cambio, se ha refugiado en su oficina, sumido en su propio universo, esquivando cualquier conexión.
Mis músculos y mi mente pedían tregua mientras buscaba las palabras adecuadas para la Reina. No podía negar