No he vuelto a dirigirle la palabra a mi padre desde aquel fatídico encuentro. Aunque compartimos el mismo techo, hacemos todo lo posible por evitarnos; nos esquivamos en las comidas, en los pasillos, y en cada rincón de la casa que antes parecía tan pequeña.
William y yo teníamos una cita para afinar los últimos detalles de la boda, pero mi ánimo estaba hecho pedazos. Esa mañana sentía el peso de una derrota que no podía ignorar. Había dado todo de mí en una lucha que parecía interminable: int