Toco mis muñecas con dedos temblorosos, las cuales arden con un dolor punzante e insoportable, consecuencia de la fuerza que ejercí mientras intentaba liberarme de mis ataduras.
El dolor se extiende como fuego líquido por mis brazos, recordándome la brutalidad de mi situación actual.
Estas bestias despiadadas, habían dejado sujetada la cuerda alrededor de mis extremidades, entrelazando cada fibra con tal maestría que me resultó imposible aflojar siquiera un milímetro del nudo que me mantenía ca