Me observa fijamente con aquellos ojos desafiantes que reflejaban odio. Mientras mantengo la cuchara plástica frente a ella, suspendida en el aire, la tenue luz que se filtra por las cortinas dibujando sombras sobre su rostro demacrado por las largas horas de cautiverio.
—Come, si no lo haces morirás de hambre, sobre todo, no sabrás cuales son mis planes para el futuro, menos podrás liberarte de estas cuatro paredes, menos ver a tu madre —insisto con voz pausada, hasta que finalmente, después d