Capítulo 87. Debes morir.
Los días fueron pasando, ya habían transcurrido dos semanas desde que el bebé estaba con ellos, le habían comprado su cuna para que durmiera en la cama, pero el pequeño estaba empeñado en amargarle la vida a Enzo, porque cada vez que lo acostaban en la cuna lloraba y cuando lo sacaban y lo colocaban en la cama no solo dejaba de llorar, sino que sonreía.
—Creo que esa cama tiene algo incómodo, quizás es el colchón —dijo una preocupada Nicol.
—Amor, ese colchón no tiene nada, es solo capricho de