Mundo ficciónIniciar sesiónLe dicen Lucifer. ¿Has escuchado que el dinero lo compra todo, hasta incluso personas? Para muchos esto seria una idea descabellada, pero para él, no Arrastrada a un infierno, en donde el amor en medio de tanto caos y entre tanto conocerá la verdadera oscuridad de una mirada. Descubriendo que todo lo que vemos no es real, y que la mentira esta a la vuelta de la esquina. Al mismo tiempo, Él entenderá que el amor no se compra
Leer másNew York, temporada de invierno. "La noche de las tragedias".
TYLER
Camino sin rumbo alguno, tambaleando, mi alma grita por dentro mientras siento mis manos húmedas por su sangre. Estoy vacío, desolado, quiero devolver el tiempo a cuando era solo un niño, quiero regresar a los momentos donde era feliz, inocente y no sabía lo que en realidad significaba estar vivo.
Sin embargo me sentía como uno, me sentía como un niño asustado, vulnerable. No tenía a donde ir, no sabía a dónde ir, quería tan solo perderme entre la oscuridad y no volver a salir a la luz, simplemente no volver.
Supongo que de eso se trata la condena al crecer. Todos tenemos que enfrentar nuestras propias batallas, aunque sean una jodida m****a. Debo decir que las mías no han sido nada fáciles, lo estoy corroborando ahora, justo en este momento donde toda mi vida se va por la borda.
En la vida debemos pagar con creces el simple hecho de respirar, así es vivir. Si tu destino en la tierra no es vivir en una mansión, con una familia feliz y sin preocupaciones, créeme que nada será pan comido.
Escucho pasos, volteo prevenido tomando el arma que tenía guardada en mi bolsillo, y es ahí cuando empiezo a perder el aire, tengo una crisis de nervios, quiero huir de lo que escucho y no puedo ver.
Los pasos se hacen más fuertes y cercanos, estoy a punto de disparar a cualquier lugar de este callejón oscuro hasta que veo una sombra.
Rápidamente me escondo detrás de un bote de basura, veo la silueta más cerca, su respiración agitada resuena, por un momento pensé que era yo escuchando mi propio corazón latir, pero al ver que cae al suelo impactando me doy cuenta de lo contrario.
—¡No! ¡Maldición!— grita aquella voz masculina tratando de levantarse momentos después.
Miro a mi alrededor notando dos sombras acercarse, no pude distinguir nada por lo oscuro del lugar, pero la situación no pintaba nada bien, bueno, antes de eso tampoco. Por un momento olvidé que estaba manchado de sangre ajena. M*****a noche.
—No te mataremos hoy, imbécil— dice otra voz masculina mientras sostiene lo que al parecer es un arma —El jefe te da dos días para que vuelvas con su dinero o pienses la propuesta, de lo contrario, lo que te acabamos de hacer, será el doble, y no saldrás vivo— avisó.
Vi cómo las dos siluetas se alejaban hasta perderse en la neblina espesa que sin darme cuenta yacía desde hace un rato. Pronto escuché quejidos de parte del hombre en el suelo, trataba de levantarse, pero no podía.
Pensé en aprovechar ese momento y escapar.
Con cautela salí intentando no ser escuchado, pero unos vidrios rotos me delataron al pisarlos con mi bota.
—¿Quién eres?— dijo, me detuve en seco sin girar, tragué saliva—¿Otra vez ustedes?, váyanse al diablo— no respondí, seguía como una estatua —¿Hey?
Tragué saliva, era el momento de decidir, ¿hablar, callar, huir? El silencio que se formaba era espeso, no podía encontrar una salida, ya que su voz provenía de la salida del callejón. Estaba jodido, acorralado.
—No te interesa saber quién soy— me atreví a decir.
Unos momentos de silencio se hicieron presentes, comencé a sentir gotas de sudor frías bajar por mi frente pálida. Sostenía el arma con fuerza.
—Lo único que sé de ti, es que debes estar igual de jodido que yo, para rondar por aquí a estas horas— dijo él con una leve tembladera de voz.
Mantuve mi silencio por unos minutos, noté que comenzó a levantarse con dificultad, lo logró después de varios intentos, pronto recupero firmeza, se notó de mi estatura, quizá un poco más, no lo sabía.
—Ten cuidado— advertí al escuchar un paso.
Pronto pude verle del pecho hacía abajo, tenía un traje negro, la luz de la luna se coló entre la oscuridad.
—Eso te lo digo yo a ti— río por lo bajo —Creo que me apuntas, y eso que no he echo nada para merecerlo— dijo mientras limpiaba sus rodillas, no tenía un arma, no pude ver su rostro gracias a lo rápido que recuperó la compostura.
—¿Piensas hacer algo?— pregunté forzando mi vista para mirarle a la cara aún sin éxito, era como hablar con una sombra.
—No me has dado una razón válida para hacerlo, a pesar de que me amenaces sigilosamente— respondió con firmeza.
Era el segundo llamado al apuntarle, decidí arriesgarme y bajé el arma. Pero aún la sostenía.
—¿Te doy un consejo?— preguntó.
Asentí con la cabeza como si me viera, o quizá si lo hacía, no lo sé, estaba muy nervioso.
—Nunca bajes la guardia ante un desconocido por un par de palabras— comprobé que él si me veía —Yo no soy un sicario, pero si lo fuera no estarías vivo ahora— Apreté fuerte el arma —Se nota que es la primera vez que vives esto.
Tenía razón. Y si, era la primera de muchas.
A mi mente volvió la misma escena de hace unos minutos, mordí mi labio conteniendo las lágrimas que amenazaban por salir.
—Acabo de matar a mi hermano— confesé, ardió mi pecho, me inundó nuevamente la ansiedad.
Debía controlarme, ya no había vuelta atrás, ya no habría felicidad, ni pequeños momentos buenos, ya no habría el calor de madre, ni un beso de buenas noches, ya no habría un te quiero, ni un abrazo, ya no habría nada, ya no hay nada.
Estoy en la m*****a nada.
—Espero que haya sido en defensa propia— dijo al parecer ladeando la cabeza, aún en la misma distancia.
Tomé aire antes de seguir con la confesión, no sabía que estaba haciendo, no sabía por qué le decía esto, pero quería soltarlo, quería gritarlo, quería morir.
—Mató a mi madre— tragué saliva.
Tomé mi rostro entre mi mano izquierda apretando la cien, sentía que explotaría.
Toda mi cabeza parecía a punto de explotar.
—Se lo merecía el hijo de puta— respondió, escuché un suspiro— Bien, ya que todo se va al diablo, te lo diré, no tengo nada que perder— se formó un silencio por un momento— continuó —No tengo... padres, por ello ando en las calles. Compro marihuana y la vendo en fiestas juveniles, tengo una deuda y si no pago, pronto seré comida para buitres.
Joder, no era el único jodido, quizá lo que él vivía no era tan duro, pero de igual forma era un maldito problema, sentí que para muchos el oxígeno es tan caro.
—Es increíble que hablemos de esto sin siquiera haberte visto el rostro aún— dije con ironía— Ni conocerte.
Di un paso.
—No creo que quieras ver mi rostro— me detuve —Pero como ya te dije, ambos estamos jodidos. Además, no eres un maleante, solo un adolescente con problemas, bueno, problemas bastante trágicos.
No entendí porque el comentario de su rostro, pero preferí evitar preguntar la razón.
—Trágico no es definición a toda esta m****a... Al menos no moriré— recordé las palabras de aquellos hombres hacía él, hace unos minutos —... Aún.
—¿Sabes? Tengo solo una salida a la muerte.
—¿Cuál es?— curiosee.
—Convertirme en uno de ellos, es algo que tanto quise evadir, pero ya no tengo escapatoria.
—¿Quiénes son ellos?— pregunté.
—Diablos en carne y hueso.
—Llévame contigo— pedí —No tengo a donde ir, no quiero volver a mi vida, ya no tengo vida.
A pesar de no creer en muchas cosas, esa noche creí en el destino.
—Preferiría no tener a donde ir, ni vivir que convertirme en un gánster.
—Créeme que después de lo que hice hace unas horas, me siento como el mismo Lucifer.
Pasaron unos momentos de silencio.
—Me llaman Monstruo— dijo.
—¿No tienes nombre?— pregunté.
—Es el nombre que me he ganado, ¿Y tú?— comenzó a acercarse, no sentí miedo, ya no tendría miedo.
Ya no tendría miedo a nada, ni a nadie, ahora todo cambiaría. Esta era mi oportunidad.
—Yo soy Ty... — Hice una pausa mirando la sangre en mis manos —Soy Lucifer.
SAMANTHA
—Lo siento— dijo Ellie, mi amiga, mientras palmeaba mi espalda entre lágrimas.
Sentí que el mundo se detuvo, había ruido a mí alrededor pero lo único que escuchaba eran los latidos de mi corazón rápidamente, mi alma se había roto, quería llorar, pero mi cuerpo no respondía. Yo no respondía, no podía.
Fue como si mi cuerpo estuviese en pausa, creí que pronto iba a dejar de sentir mi corazón y sentí que era cierto, moriría, ya que todo se volvió oscuridad indicando que la felicidad había terminado para mí.
Mi madre y padre habían fallecido, las únicas personas que amaba y estaban en mi vida habían partido.
¿Cómo seguir? Era imposible vivir, mis sueños habían terminado, porque siempre estuvieron en ellos. Es ilógico imaginarte una vida sin tu familia a tan temprana edad, nunca antes pensé cuanto sería mi dolor al verlos partir. Al saber que ya no volvería a verlos.
Nunca piensas en cómo sería la muerte de algún familiar, solo pasa, lloras, muere una parte de ti, y continuas, pero, ¿Cómo podría continuar?
Volví a ver dándome cuenta que ahora era yo la que me encontraba en una camilla de hospital, sentí como lágrimas bajaban sin cesar, recordando esa noticia en la televisión, nuestro auto contra un poste de luz y la neblina en cantidad.
¿Acaso ellos merecían esto?
A veces las personas más buenas, son las que sufren más.
En mi mente circulaba tanto que sentía que pronto mi cabeza iba a explotar, ahora estaba sola.
Sin familia, sin nadie.
En toda mi vida siempre estuvieron ambos, no tengo hermanos, ni abuelos, nadie además de ellos, ¿Cómo poder seguir adelante sin su compañía? ¿Sin la compañía de nadie?
Antes mi única preocupación era mi esmalte de uñas, o la limpieza facial. Justo ahora me doy cuenta que no todo en la vida es material, y que debí preocuparme más por lo que realmente importaba, mi familia.
Es en esos momentos cuando realmente te das cuenta de lo que importa, cuando pierdes.
—Por favor respire— dijo el doctor mientras inyectaba algo en mí.
—No quiero respirar— respondí mientras sentía un frío cerca de la inyección.
—Su vida no ha acabado— consoló.
—Tal vez aún no, pero yo he muerto.
Y así fue, me sentí muerta, sin vida, sin ganas de existir, para mí todo se había perdido, pero no podía dejarme vencer, sabía que ellos no hubiesen querido verme así, y me mantendría de pie, era una promesa.
Una promesa que cumpliría cueste lo que cueste.
Sabía que las personas eran temporales, y tenía razón al pensar que mi felicidad había terminado, era solo el comienzo.
Porque sin saberlo, mi verdadero dolor vendría después de él...
TYLEREn la vida puedes intentar cambiar las cosas, las personas, tu vida, puedes luchar hasta el fin y ahogarte entre la mierda que deja el cansarte de hacerlo. Pero solo hay una cosa que nunca podrás cambiar, hagas lo que hagas, así le vendas tu alma al diablo; la muerte.La vida y la muerte a veces no son tan diferentes, hay que gente que vive y se siente muerta, y hay gente que está muriendo y desea vivir. Todo es contradictorio, pero termina siendo lo mismo.Una mierda.Quizá mi madre se sentía muerta en vida, pero estoy seguro que nunca hubiese querido morir en las manos de un maldito maniático. Jamás olvidaré cuando la vi en el suelo sin vida, esa imagen, haga lo que haga nunca saldría de mi mente, tal vez así sea para todas las personas que ven por ultima vez a sus seres queridos, nunca se borra, pero casualmente olvidas la mayoría antes que eso, las pequeñas cosas, hasta su voz.Pero así Samantha me dijese que lo olvidara, que comenzáramos de nuevo, mi sed de venganza jamás
SAMANTHAEran voces, lejanas, se perdían mediante risas, creía que eran recuerdos, se asemejaban a pesadillas. El frío colaba en mis huesos como efecto de dejavú, y dolía como mi espalda siendo azotada al suelo. Manos por mi cuerpo, gemidos ahogados y finalmente el sonido de un jadeo. Todo en un orden en especifico, todo doloroso e impotente. Al igual que mis ojos sellados.No podía moverme, como si no tuviese un cuerpo, como si mi alma fuese quien presenciara la angustia y pesadez. Me sentía atada como un prisionero, uno con una sentencia de muerte próxima. Pero peleaba conmigo misma, en la incertidumbre, quizá había muerto y me encontraba en el limbo, a un paso de algo desconocido, ese algo lo fui descubriendo cuando todo comenzaba a tener color, no podía distinguirse en mis ojos nublados, y así fue luego de varios intentos, hasta que pude enfocar mi mirada al suelo, un suelo desgastado y lleno de manchas de sangre.Mis manos estaban inmóviles, amarradas a una especie de tubo de hie
TYLERAhí estaba, a tan solo unas calles del lugar donde me reuniría con Harper. Antes de esto llamé a Nando para pedirle ayuda, pero sus palabras fueron..."No le voy a nada que esté involucrado con el maniático de La Muerte"Nando termino dándome el número de Harper, casualmente lo conocía, y él era mi última esperanza. Ya que nadie querría ayudarme en contra de ese psicópata.La muerte se había ganado el miedo de todo el que le conociera, o tan solo escuchase hablar de él, pero para mí seguía siendo un hijo de puta. Un hijo de puta que debía morir pronto.Crucé una calle pensando en Samantha. Fui un maldito con ella, pero era algo que tenía dentro, nunca quise decirlo, y me arrepiento, pero ya no hay vuelta atrás, ahora sabe lo que pienso de ella, o lo que mi yo enojado piensa, por qué prefiero estar a su lado que esté mundo del asco, que vengarme... Al menos eso creo.Aunque seguramente ella ya no volvería a mi departamento y seguiría con su vida, nunca la había tratado de esa for
TYLERPasé el trago amargo, y cerré los ojos con fuerza sintiendo mi garganta quemarse por el mismo.Terminaba de salir de mi charla con Axel Walsh. Maldito agente. Un jodido grano en el culo el cuál ahora sería difícil de sobrellevar, porque esto se trataba de ayudarlo sin ninguna otra opción. Podía unirme con mis enemigos, y llegar a un acuerdo para engañar a la DEA, cosa que jamás pasaría, o estar preso por unos años, y al parecer, esos tipos tenían bien en claro cuál era mi elección, porque no dudaron, al menos el agente no dudó de mi palabra.Ese hombre era el empujón que me faltaba para desatar la mierda que llevo dentro, cumplir mi venganza, esa que nadie podría sacarme de la cabeza, terminaría jodido, pero al menos ya no sentiría estas ansias al pensar que siguen en paz. Podría hacer lo que llevo queriendo desde hace un tiempo, terminar con la causa de mi dolor. Con él.Al Walsh irse yo me instalé en el primer lugar que vi, un bar de mala muerte con olor a mierda y sexo. Estab
SAMANTHAMe removí en las sábanas estirándome, aún sentía las manos de Tyler recorriendo cada parte de mi cuerpo, podía oler su loción impregnada en cada parte de mi. Me sentía en el cielo, lo cual es contradictorio por que cuando lo hacemos, siento como si hirviese entre las penumbras del infierno.Infierno...—¡No!— exclamé sentándome en la cama.Miré mis muñecas, él lo había notado, se dió cuenta de la cicatriz que tenía, ahora preguntaría, y tendría que mentirle, no le diría que como había cometido el acto más inmaduro e idiota del mundo, cuando intenté suicidarme en aquel lugar.Pero eso ya era pasado, ahora era una persona diferente, las cosas habían cambiado.Sonreí tapando mi rostro y lágrimas se aproximaron, él se había tatuado por mí, lo había echo, no podía estar más feliz en ese momento, nunca pensé que alguien hiciese algo así por mí. Pensé en que debería hacer lo mismo, o algo parecido, así que me levante de la cama cubriéndome con la sábana y comencé a buscarlo por todo
TYLERPaz.Es la sensación divina que hace que todo tu cuerpo parezca volar, no hay miedos, no hay dolores, no hay nada más que todo lo que necesitas. Esa es mi definición.La misma que se manifiesta sin falta cada vez que estamos solos, cada vez que la veo y porta aquella sonrisa extensa y sincera. Es lo mismo que vivo cuando esta entre mis brazos, cuando siento su olor, cuando puedo tocarla sin parar y sé que nadie nos lo interpondrá.Entonces cuando la veo tendida, durmiendo plácidamente entre las sábanas, daría lo que fuera por qué nuestra historia hubiese sido distinta. Quizá encontrármela en un café, tomar algo. Tal vez verla caminar, quedar congelado y golpearme contra un poste de luz, así de seguro llamaría su atención.Creo que todo hubiese sido mejor antes de todo lo qué pasó, antes de haber logrado que tantas cosas le sucedieran, antes de que la lastimasen.Por que cuando estoy sentado a su lado, cabizbajo, puedo darme cuenta de lo que al parecer estuvo ocultándome por tant
Último capítulo