SAMANTHA
Eran voces, lejanas, se perdían mediante risas, creía que eran recuerdos, se asemejaban a pesadillas. El frío colaba en mis huesos como efecto de dejavú, y dolía como mi espalda siendo azotada al suelo. Manos por mi cuerpo, gemidos ahogados y finalmente el sonido de un jadeo. Todo en un orden en especifico, todo doloroso e impotente. Al igual que mis ojos sellados.
No podía moverme, como si no tuviese un cuerpo, como si mi alma fuese quien presenciara la angustia y pesadez. Me sentía a