Su encantadora carcajada se elevó por toda la tienda cuando vio a su mejor amiga llegar hasta ella con una docena de vestidos, de todos los largos, que apenas podía cargar y manejar en sus dos manos. Sudada, los acomodó todos en el vestidor, donde desde hacía como una hora había comenzado a probarse los hermosos y nuevos estilos de una marca que a ambas les gustaba: Zimmerman, por sus diseños muy femeninos y fluidos que las hacían sentirse como princesas cuando los usaban.
Había tenido una enca