Kimmy le dejó un beso en la frente y se movió de lugar, buscando de nuevo su sillón.
—Qué bien te quedó el matrimonio, amiga —le señaló—. Y créeme que en estos tiempos decir algo así se siente hasta extraño, pero claramente te has casado con un hombre, hecho y derecho, que sabe que a su mujer se le venera, se le ensalza, se le nutre y se le entrega todo, porque si él quiere guiar, ella debe tener confianza para seguirlo.
—Y lo hago —respondió Melissa—. Confío tanto en él, en su guía, en su voz,