—Ay, vamos, Meli. Nosotras sabemos que sí, sí lo hace —Melissa sonrió, asintiendo—. Claro, no es que la felicidad se mida en gramos y vayas a algún lugar a conseguirla, pero la tranquilidad, la paz, esa sensación de infinitas oportunidades que el dinero sí te da, es algo que no se puede minimizar.
—Tienes razón.
Kimmy le tomó la mano, que apretó con delicadeza.
—Quiero convencerme de que esos días oscuros que ya viviste al inicio de tu matrimonio no volverán a suceder. Pero, amiga, te lo digo a