La invitada hablaba con emoción sobre lo que había sido regresar a ese Nueva York donde creció y aprendió tanto de la vida. Ya se encontraban disfrutando de la cena en el elegante comedor, que había sido vestido y arreglado de acuerdo con las peticiones de esa señora Ravage, quien buscaba la mirada oscura de su esposo. Él la atendió unos segundos, pero también le estaba dando una cordial bienvenida a una Kimmy que, analítica, había notado la dinámica de la pareja y, gracias a la misma, se había