—Úsalo. Tienes quince minutos para verme en el altar.
Ares vio esos enormes y dorados ojos seguirlo hasta que salió de la habitación. Con la mandíbula tensa, ordenó a las mujeres ingresar, pero escuchó el grito de Melissa cuando las corrió. Aunque podría haber intervenido, no lo hizo. Solo continuó con su andar, ordenándole a Gaspar que anunciara a sus mínimos invitados que la ceremonia iba a comenzar.
Encerrada en su habitación, Melissa cubrió su rostro con ambas manos y dejó escapar un