Con manos temblorosas, logró pasarle ese juguete tipo huevo, diferente y ya vibrando, que la llevó a ponerse en puntillas cuando lo hundió en su interior. El orgasmo que ya esa lengua le había causado empezaba a restarse de los once que le había reclamado, de alguna manera, a su esposo, y sabía bien que esa noche él se los daría sin ningún problema. Sus gemidos se mantenían moviéndose en esa habitación mientras la lengua de Ares, ahora concentrada en su zona anal, solo la llevó a inclinarse un