Se observaron con atención. Esos dorados ojos yacían dilatados, y fue tan buena en tomar los dedos con los que él le abrió la boca, pero apenas la joven le dio un beso, lo hizo fruncir el ceño cuando bajó de la cama.
—Quiero escoger accesorios —pidió con voz delicada.
Ares lamió sus labios, pero se acomodó sentado en la cama.
—¿Crees que te has ganado esa oportunidad? —la grave pregunta erizó la piel femenina, y viéndolo a los ojos, la joven asintió—. ¿Sí? ¿Lo hiciste?
—Lo hice —respondi