Minutos después, Adriano atravesó la mansión sin detenerse.
Los restos del enfrentamiento todavía eran visibles. Algunos hombres recogían armas del suelo, otros vigilaban los accesos mientras Luca daba órdenes con la misma precisión de siempre.
Pero Adriano no prestó atención a nada de eso, su destino era otro.
Bajo las escaleras y caminó por el pasillo privado hasta llegar a la habitación de seguridad.
Sin perder tiempo, abrió la puerta. El sonido de la puerta hizo que Isabella levantara la ca