Capítulo 49. El punto de quiebre
La noche cayó pesada, irrespirable, como si el mundo entero estuviera conteniendo el aliento antes del golpe final. Rebecca ya no sentía el frío, ni el dolor en las muñecas, ni mucho menos el miedo; porque ya había cruzado ese límite.
Ahora solo podía haber una cosa dentro suyo: determinación.
La puerta volvió a abrirse, esta vez no fue Teresa la que entró, fue Elías. Este entró sin prisa, cerrando detrás de sí con un leve clic.
—Te ves distinta —comentó, observándola con atención.
Rebecca no a