Capítulo 46. Apunto de estallar
El silencio después de la verdad no fue un alivio, más bien fue presión. Una presión constante, invisible, como si las paredes de la mansión Montenegro se estuvieran cerrando lentamente sobre todos ellos.
Rebecca no durmió esa noche no porque no pudiera, sino porque no quiso. Permaneció sentada junto a la ventana durante horas, con las piernas recogidas contra el pecho y la mirada perdida en la oscuridad del jardín. Cada palabra que había escuchado el día anterior seguía repitiéndose en su cabe