El tiempo no curó todo, nunca lo hace; tampoco borra ni reescribe. No deshace lo que ya fue, pero enseña.
Enseña a respirar sin que cada inhalación duela, a despertar sin que el primer pensamiento sea una herida, y a caminar sin mirar atrás en cada paso.
Tres meses, eso fue lo que necesitó Rebecca para volver a reconocerse frente a un espejo, sin buscar a alguien más en su reflejo.
Al principio había sido extraño, mirarse y no ver la versión de ella que había existido dentro de la mansión Mont