Alberto
Estaba sentado en el sillón de la sala, con un vaso de whisky en la mano, cuando recibí el mensaje. La pantalla del celular se encendió con el nombre de Khaled, y bastó una sola frase para que todo mi cuerpo se helara:
"A partir de ahora, no verás ni un centavo mío."
Lo leí dos veces más. El vaso crujió en mi mano de la fuerza con la que lo apreté.
El contrato. La inversión. Las alianzas. Todo por culpa de esa niña ingrata. Lara.
Solté el aire con fuerza y lancé el celular sobre el sofá