Khaled
Cuando abrí la puerta de la habitación del hospital y vi a Lara tan pálida, tan rota, acostada allí… un peso atravesó mi pecho con fuerza. Yo, Khaled Rashid, un hombre temido por todos, me sentí impotente.
Me acerqué despacio, sin querer asustarla aún más. Mis pasos parecían demasiado pesados para aquel ambiente blanco y silencioso.
Ella me vio. Giró el rostro. Pero no dijo nada.
—¿Fui yo quien te hizo esto? —pregunté, con la voz más baja de lo que imaginé que sería capaz de usar.
Ella c