Amir
Salí de la base casi corriendo, con el corazón desbocado y la cabeza dando vueltas. No sabía a dónde ir ni por dónde empezar. Solo sabía una cosa: Nayla no volvería al barrio. La conocía mejor que nadie. Cuando tomaba una decisión, no había amenaza que la hiciera retroceder. El problema era que quien pagaría el precio no sería ella. Sería yo.
Empecé a llamar desesperadamente. Una llamada tras otra. Ninguna respuesta. Envié mensajes, todos ignorados. Era como si hubiera desaparecido del