Nayla
Pasé prácticamente toda la noche despierta, dando vueltas en la cama, incapaz de apagar la mente. Las palabras de Adir Rashid seguían resonando, firmes, definitivas, como sentencias que no admiten discusión. No imaginé que me llamaría tan rápido. Aun así, un acuerdo era un acuerdo. Lo sabía desde el momento en que acepté. Respiré hondo muchas veces, intentando convencerme de que podría cumplir mi parte sin perder la razón.
Ya eran casi las tres de la madrugada cuando escuché la puerta abr